El biohacker clásico se centra exclusivamente en la optimización de la biología de su propio cuerpo. El biohacker 2.0 entiende que hay otras áreas, más allá de la propia biología, que son proclives a ser mejoradas. Áreas como la psicología, el entorno son también muy importantes a la hora de mejorar nuestra persona y nuestra vida.

Pongamos un sencillo ejemplo. Un biohacker clásico cuando trabaja mejorando su mente, se centra en modificar u optimizar el funcionamiento bioquímico de su cerebro. Biohackers más avanzados o “radicales” llegan a utilizar medicamentos como el modafinilo para aumentar su rendimiento mental y su productividad. El modafinilo es un neuroestimulante que promueve el estado de alerta y que se usa principalmente para el tratamiento de la narcolepsia. [I]

Un biohacker 2.0 también puede llegar a usar este tipo de compuestos, pero también tiene en cuenta que se puede actuar sobre la mente con técnicas psicológicas.  Un biohacker 2.0 también modifica su entorno, ya que este tiene una poderosa influencia en su propio organismo. En definitiva, no constriñe su actuación a la meramente biológica o química, sino que tiene en cuenta otros factores.

Nuestro cerebro puede estar completamente optimizado y funcionando al máximo de su potencial y seguir cometiendo los mismos errores. Una explicación bastante habitual es la de compararlo con un computador. Un computador puede estar formado por los últimos componentes tecnológicos (CPU de última generación, disco duro SSD, módulos de memoria RAM ultrarrápida, etc…) que si no actualizas la programación sobre la que se basa el funcionamiento no será óptimo. Un computador debe tener el software más avanzado funcionando sobre un hardware de calidad.

Nuestro cerebro funciona, salvando las distancias, de forma bastante similar. Por un lado está el cerebro, el cual podemos optimizar electroquímicamente para hacerlo más eficaz  eficiente. Y por otro lado tenemos la mente que es nuestro software. La mente es el conjunto de facultades cognitivas que engloban procesos como la percepción, el pensamiento, la conciencia, la memoria, etc., algunas de las cuales son características del humano y otras son compartidas con otras animales.

La psicología es la ciencia que trata el estudio de la conducta y de los procesos mentales de las personas. Por ello un biohacker 2.0 también recurre a técnicas psicológicas y, sobre todo, a conocer cómo funciona su mente para poder mejorarla.

La mente no es perfecta. Es muy útil y nos ha servido para la supervivencia de la especie, pero esto no quiere decir que su funcionamiento sea óptimo. Psicológicamente cometemos errores y los más evidentes son los llamados sesgos cognitivos. [II]

Un sesgo cognitivo es un efecto psicológico que produce una desviación en el procesamiento de lo percibido, lo que lleva a una distorsión, juicio inexacto o interpretación ilógica. Un factor crucial para mejorar nuestra vida es que seamos capaces de realizar análisis precisos de la realidad. Sólo cuando nuestra “imagen” de la realidad es certera podemos tomar las mejores decisiones y mejorar nuestra vida.

No existen técnicas revolucionarias para eliminar los sesgos cognitivos. No hay píldoras mágicas que eliminen o mitiguen este tipo de errores. Sin embargo, tenemos una poderosa herramienta, a nuestra disposición, para controlar los sesgos cognitivos. Esta herramienta es el conocimiento. Solo cuando conocemos las características de estas “distorsiones”,  seremos capaces de detectarlas y actuar en consecuencia.

Nuestra mente nos engaña y comete muchas distorsiones. A continuación te muestro el principales sesgo cognitivo que se produce en nuestra mente. En posteriores artículos te iré mostrando otros.

El sesgo de confirmación.

El sesgo de confirmación es la tendencia de nuestra mente a favorecer, buscar, interpretar y recordar la información que confirma nuestras propias creencias o hipótesis, dando desproporcionadamente menos consideración a posibles alternativas que estén en contra de nuestras propias creencias.

El sesgo de confirmación te afecta de 3 formas.

  1. En la forma en la que buscas información.
    Imagínate que has invertido en la bolsa. Concretamente has comprado acciones de una determinada empresa tecnológica. La cotización de esta empresa lleva una trayectoria de revalorización realmente asombrosa. Sin embargo, hay expertos que opinan que su futuro es sombrío porque sus últimos productos no parecen tener tanto éxito.
    El sesgo de confirmación modifica tus patrones de búsqueda y empiezas a leer artículos de expertos favorables a la inversión que has realizado. Primas en tu búsqueda las opiniones favorables al mantenimiento de la inversión y de las pocas que lees contrarías a la misma, las pones en duda y no les das mucha importancia.
    Este es el comportamiento típico del sesgo de confirmación. En primer lugar tienes una creencia y en segundo lugar buscas información que solamente confirme esa creencia.
  2. En la forma en la que interpretas la información de la que dispones.
    Es un hecho evidente que las creencias son mucho más poderosas cuando estas se vinculan estrechamente a un sentimiento. Cuanto mayor sea este sentimiento, más poderosa será la creencia que exhibes.
    Los ejemplos más característicos son las relaciones amorosas e, incluso, los sentimientos de identidad nacional.
    Por ejemplo, cuando te enamoras todo lo que percibes de tu pareja es maravilloso. No encuentras ningún defecto en él o ella.  Solamente cuando la fase de enamoramiento acaba o cuando se produce una crisis amorosa empiezas a percibir dichos defectos. Defectos que siempre han estado ahí, pero nunca las habías percibido. Realmente tu pareja siempre ha sido igual, no ha cambiado en absoluto; lo que cambia es la forma en la que interpretas la información de la que dispones; lo que cambia es tu propia percepción.
  3. En la forma en la que recuerdas las cosas y los acontecimientos.
    Tus recuerdos están fuertemente condicionados por el sesgo de confirmación. Interpretas y cambias los hechos pasados y aquello que recuerdas basándote en tus creencias actuales.
    En un experimento de 1951 [III], estudiantes de la Universidad de Princeton y de Dartmouth observaron un partido de futbol americano entre las 2 universidades. Al final del partido los estudiantes de la Universidad de Princeton recordaban más faltas cometidas por el equipo rival que las cometidas por su propio equipo. Los estudiantes de la Universidad de Dartmouth recordaban justamente lo contrario. Ambos grupos creían sinceramente que su equipo fue el que menos faltas había cometido. Ambos mostraban un sesgo en sus recuerdos, ya que el vínculo afectivo con su equipo hacía que los recuerdos de su equipo fueran más positivos y favorables, justo lo contrario que con el equipo rival.

¿Por qué somos y actuamos de esta forma?

Porque inconscientemente buscamos las evidencias que confirmen nuestras creencias. Porque estar equivocados no nos gusta. Para nuestro cerebro estar equivocado significa que nos percibimos como no tan inteligentes como nos creíamos. Al final buscamos información que está en sintonía o que confirme aquello en lo que creemos.

En un estudio publicado por la revista Nature [IV] se les presentó a los participantes evidencias contrarias a sus creencias políticas. Cuando se realizó esta confrontación, las áreas de su cerebro asociadas con el dolor físico se volvieron más activas. Este estudio viene a demostrar que estar equivocados duele físicamente, al menos en nuestro cerebro. Cuanto más profundas sean nuestras convicciones mayor será ese dolor percibido.

Es fácil aceptar puntos de vista opuestos cuando se trata de cosas que no nos importan. Pero cuando hay creencias profundamente arraigadas que forman parte central de nuestra identidad (el nacionalismo o la identidad nacional es un claro ejemplo), nuestra respuesta es muy diferente. Los hechos que van en contra de nuestras creencias más importantes causan disonancia cognitiva [V].

La disonancia cognitiva es la tensión que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias.

La disonancia cognitiva desencadena una respuesta en nosotros de tipo “Fight or Flight”, es decir una respuesta de lucha o una respuesta de huida. O aceptas los hechos y cambias tus creencias o destierras de tu mente esos datos opuestos a tus creencias.  La mayoría de nosotros optamos por la segunda opción. Esto se hace más evidente cuanto mayor sea nuestra creencia o más vínculo afectivo tengamos hacia la misma.

Diseñados para la supervivencia y para la autoprotección.

Nuestros organismos y nuestros cerebros están diseñados evolutivamente para la supervivencia. Este es un hecho evidente. Da igual que la respuesta sea física o simplemente mental.  El condicionamiento para la supervivencia es general.

Cuando nos exponemos a datos o hechos que van en contra de nuestras creencias o que son opuestos a nuestra identidad, nuestra mente percibe esta “amenaza”  psicológica y genera, por lo general, una respuesta de huida. Nuestra mente nos está “protegiendo” ante esta amenaza como si fuera real y física.

¿Cómo podemos luchar contra el sesgo de confirmación?

El primer paso es simplemente conocer que este sesgo existe y cuáles son sus características.

El segundo paso para luchar contra este sesgo cognitivo  y contra cualquier otro es que tenemos que ser conscientes de que se está produciendo en el momento en el que aparece.  Para ser conscientes de nuestros sesgos debemos evaluar continuamente nuestras respuestas y nuestras reacciones instintivas.

La próxima vez que nos encontremos con hechos que confirmen completamente nuestra cosmovisión, debemos detenernos de inmediato. Tenemos que pensar en las suposiciones que estamos dando por certezas y buscar maneras de demostrar que estamos equivocados.

La situación se complica cada vez más con el impacto tecnológico. Los algoritmos de las redes sociales (Facebook, Twitter) y de los medios de difusión de contenido como (Youtube y otros) sesgan la información que recibimos para potenciar el consumo de su contenido. Esto no hace otra cosa sino que potenciar nuestro sesgo de confirmación.  Al recibir solamente información acorde a nuestras creencias nos convertimos en unos convencidos. Como André Gide decía: “Cree a aquellos que buscan la verdad, pero duda de los que la han encontrado.”

Debemos pensar sobre cómo pensamos. Debemos estimular el pensamiento crítico.  Así que cada vez que leamos un artículo o veamos un vídeo que confirme nuestras creencias, debemos buscar proactivamente las opiniones contrarias y analizar sus razones. Si encontramos hechos o datos que estén en contradicción con nuestras creencias las deberemos analizar con detenimiento e independencia.

El sesgo de confirmación es una parte inevitable de nuestra forma de tomar decisiones.  Solamente con el pensamiento crítico podrás, en ocasiones, eludir su acción y ser más independiente.

Hay decisiones cuyos efectos no son muy importantes, pero hay otras que son cruciales en nuestra vida.  Hay decisiones, que afectan a nuestra salud, a nuestras finanzas y a nuestras relaciones, que son muy importantes. Por ejemplo, simplemente decidir con quién queremos pasar el resto de nuestra vida es una decisión tan crucial  que debemos analizar todos los datos a nuestra disposición y decidir independientemente mitigando el sesgo de confirmación.

Aprender y comprender cómo funciona el sesgo de confirmación nos da la oportunidad de compensar sus desventajas y tomar decisiones más racionales.

Estudios y Bibliografía.

[I] https://es.wikipedia.org/wiki/Modafinilo

[II] https://es.wikipedia.org/wiki/Sesgo_cognitivo

[III] https://explorable.com/selective-group-perception

[IV] https://www.nature.com/articles/srep39589

[V] https://es.wikipedia.org/wiki/Disonancia_cognitiva

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